domingo, 12 de enero de 2014

Gracias



Into the Black Light by Ghost Brigade on Grooveshark

Hace poco más de dos meses que te besé la frente por última vez. Ya tenías los ojos cerrados para siempre pero quiero creer que aún me sentías. No hace mucho que aún daba por hecho que siempre estarías a mi lado, que me verías por fin salir adelante en la vida, que podrías jugar con tus nietos, que podría darte en tu vejez algo de lo mucho que me has dado a lo largo de toda tu vida. Me duele saber que la mayor preocupación que te acompañó las últimas décadas de tu vida fue darme ese algo que me permitiera salir adelante a pesar de mis problemas. Pero no. Te apagaste y te llevaste contigo esa pena.

Quisiera creer que existe un Más Allá desde el que puedes verme y darte cuenta de que algo debió salir bien. De que, de alguna manera, algo ha cambiado y, por primera vez en tantos años que me cuesta acordarme de cómo eran antes las cosas, mi cuerpo y mi mente están recuperándose. Nos caen ostias de todas partes, las cosas están muy jodidas y la situación es angustiosa. Y, sin embargo, sigo luchando por mis sueños desde hace casi dos meses.

Es ilógico creer que estas líneas te llegarán pero son las cosas ilógicas que he hecho en la vida las que más me han llenado. Gracias por luchar por mí todos estos años. Durante mucho tiempo sentí ser una profunda decepción para ti y ahora sé que jamás fue así.

Si hay un "otro lado" espérame, Papá. Si no lo hay, acompáñame el resto de mi existencia, hasta que yo también me apague.

miércoles, 1 de enero de 2014

La caja de galletas



Traveling Alone by Woods Of Ypres on Grooveshark

Hace muchos años que Oiron se emborracha cada noche como si fuera la última y acaba despierto entre sus vómitos resecos en un callejón. Gorna forja a Yenom y el último de los Tar-Gornak se lo entrega a Oiron junto al río que lo purifica.

La historia se repite y el narrador se mete las manos en los bolsillos y murmura que sí, que las cosas van a cambiar y que se está quitando de no hacer nada.


Hace años también que yo me puse a prueba en otro blog para ver si era escritor o sólo un mierda con ínfulas de semimierda. Resultó que algo dentro de mí respondió con creces a mis mierdos y pude ver que, a pesar de todas las personas que me llenaban la cabeza de buenas intenciones, era en la vida escritor.

Eso sí, un escritor cuyo humano era bastante defectuoso. Un humano que desde pequeño se metió muchas ostias y recibió otras tantas y le sobraban piezas cuando trataba de repararse. Y que trató siempre de hacerlo por sí mismo.

En noviembre de 2013 ese humano tuvo ocho días para cuidar del árbol fuerte bajo cuya sombra creció y a quien quiso parecerse desde que era un retoño recién brotado. Luego tuvo dos para despedirse. Supo que era un arce.


En estos casi dos meses he sacado la caja de galletas en la que guardaba esas piezas y he vuelto a abrir mi cabeza. Duele y es difícil pero es imposible rendirme. He logrado encajar la mayoría. No he vuelto a guardar el resto. He vivido media vida siendo mitad persona, mitad miedo a no ser querido; añoro sentir que soy un hombre que mira algo en el horizonte que los demás no pueden ver.


Esta noche Oiron tiene otros sueños distintos.

martes, 26 de noviembre de 2013

Papá

Siempre he pensado que las palabras que se decían en honor de un difunto eran perogrulladas que a nadie le aportaban nada nuevo pero que no podían faltar. Se resaltaban las cualidades conocidas por casi todos y se obviaban las que socialmente se consideraban inapropiadas en un momento así. En su funeral, todo el mundo había sido un santo y a lo largo de su vida sólo había dejado un rastro de amor, buenos actos y anécdotas graciosas pero siempre positivas. Todos le recordaríamos con cariño.

También es cierto que nacemos para un día morir. Que la vida tal y como la conocemos no es más que el lapso entre dos momentos muy bien definidos. Y eso es así para todos los seres vivos que hemos sido. Toda persona que haya existido, o ha muerto, o morirá. Ninguna muerte es esencialmente especial.

Y eso le quita dramatismo a tu muerte, Papá. No me cabreo contigo ni con Dios ni con las circunstancias. No me pregunto por qué, no me obsesiono con las bifurcaciones que decidimos tomar, con aquello que ignoramos. Sé que estos días nos hemos despedido, que hemos dejado todos los cabos bien atados y que te hemos dicho desde un corazón desbordado de pena y amor que te podías ir, que no te preocuparas, que te queremos, que no tuvieras miedo. El viernes te estuve cuidando todo el día y pude acicalarte poco antes de que vinieran Mamá y Susana, ya te había bajado la fiebre. Llegaron. Nos dijiste con la voz quemada por la enfermedad y las medicinas que ya no querías vivir más. Señalaste la imagen de Jesús de la pared y dijiste que te llamaba.

Nos rompimos por dentro al escucharte. Sabíamos que era verdad. Te dimos todo nuestro apoyo, lo habíamos hablado. Las siguientes horas las atesoraremos hasta el fin de nuestros días.

No lloro por ti. Hasta el final fuiste un hombre bueno, un hombre coherente con sus ideas, con sus anhelos. Un hombre sencillo, humilde. Fuiste consciente de tus limitaciones y aún así hasta hace un par de meses luchabas por hacer del mundo un sitio mejor. No creo tener esa fuerza de espíritu que te acompañó toda tu vida pero no dejaré de imitarte.

Lloro porque ya no puedo disfrutar de ti, porque has dejado objetos y lugares impregnados de lo que has sido, de lo que eres. Lloro porque aunque rozo los cuarenta años vuelvo a ser un niño asustado que se ha soltado de la mano de su padre y se ha perdido. Pero esta vez sé que ya no volveré a sentir tus dedos entre los míos. Ya no estarás para tenderme una mano cuando tropiece y me haga daño.

Tu cuerpo ya no está pero los ecos de tu vida siguen vivos en cada uno de nosotros. Descansa en paz, Papá.

miércoles, 1 de mayo de 2013

@_@

Se quedó mirando a los ojos de la esfinge.

Venganza

Era quien recogía los mejores frutos de los árboles del Olimpo para llevarlos a la mesa de los dioses. Día tras día. Toda su existencia debida a un acto tan banal, tan prescindible. Inmortal, no había nacido sino que había sido creado con esa función de atender los fruteros que salpicaban la morada de los dioses. ¿Y para qué le habían dotado de inteligencia, de consciencia de sí mismo?

Algún día se vengaría. Y por el momento sólo cogió unas ciruelas y se las pasó por la raja de su culo sudado antes de depositarlas en el cuenco.

lunes, 29 de abril de 2013

Frío

Llovía. Más de lo que cabría esperar. Más de lo que había tenido en cuenta. Sentado a la entrada de la gruta, todo lo que veía del mundo no era más que la silueta gris oscura de las montañas recortando un cielo gris algo menos oscuro que se escondía tras un muro de agua y estruendoso silencio. Hacía tres o cuatro días que había dejado de sentir hambre y ahora sólo le preocupaba el frío que le atería. Sus ropas ya no sabían lo que era estar secas y la mugre de semanas de viaje había convertido la lana en una gruesa tela de desbastar su piel.

Cuando la noche venció a la mortecina luz se tumbó hecho un ovillo en el fondo de la cueva. Se imaginó dormido junto a una hoguera, tumbado sobre la hierba una tarde de verano, repatingado en el banco de una posada junto al hogar, con la tercera o cuarta jarra de vino caliente especiado caldeando su tripa.

Si no despertaba mañana, moriría feliz.

domingo, 28 de abril de 2013

Inflexión

Muchas noches llega el sueño pensando que todo cambiará al día siguiente, que por fin se comenzará a vivir. Y el día siguiente amanece siendo uno más.

En otras ocasiones el amanecer trae verdaderamente un cambio.

sábado, 27 de abril de 2013

Inutilidad

Una noche más haciendo guardia para nada. La oscuridad seguiría siendo oscura hasta el alba, los autillos hablarían hasta entonces y los ratones corretearían hasta su ratonera o hasta las tripas de algún depredador. Lo único que sucedía era que la luna cada noche se movía un poquito más que el día anterior, como disimulando, hasta desaparecer por dos o tres días antes de volver tímidamente. Y las nubes, claro. Las nubes eran los habitantes cotidianos del cielo, impredecibles hasta cierto punto y con un humor tan veleidoso como el de los hombres.

Desde las sombras, una noche más los demonios no se atrevían a salir: había un hombre de guardia.

Limbo

Oiron no veía nada. No oía nada. No sentía nada. Su mente y él, las únicas realidades. Quería creer que flotaba en algún sitio al margen del mundo, al margen del tiempo. Pero su cuerpo estaría en algún lugar, quemándose bajo un sol abrasador, cortado por las garras de la nieve, ahogándose en un río, mordisqueado por ratas o desgarrado por perros asilvestrados.

Nada podría ser más horrible.

Y, sin embargo, cuando aparecieron las voces, todo fue a peor.

jueves, 25 de abril de 2013

Creeping life

Drahg-Mohrddak arrastraba los pies por el fango de la ciénaga. En los pocos claros por los que se colaba la luz de las lunas cientos de ranas croaban en hermosas cacofonías que hablaban de otra época. Cientos de estaciones se habían sucedido a lo largo de su vida pero no era eso lo que le hacía sentirse anciano. Sus manos sujetaban con fuerza la tela con la que llevaba sobre su espalda el pedazo de roca estelar que según la tradición había traído la vida al mundo.

Incontables estaciones habían pasado desde la primera aurora de los Tar-Gornak, cuando el mundo era un paraíso de tierra bajo agua, de sombras y luces entretejiéndose en los manglares. Pastores de peces, músicos, chamanes, alfareros. Nunca guerreros.

Y la historia y los secretos de La Vida habían pasado de susurro en susurro entre generaciones hasta que un nuevo ser, blando, peludo, frágil, salió de las tierras secas del interior y comenzó a romperlo todo en busca de algo que no existía.

El aire olía a mar, a algas sobre la arena y espuma de sal. Los árboles clarearon y dieron paso al sonido de las olas y un cielo infinito desde el que las lunas dejaban caer su luz al mar.

Washed away

Otro día que Oiron se levantaba para nada. Para trabajar para pagarse las jarras de la noche con las que olvidarse de que estaba vivo. El sol le calentaba pero era su enemigo. Le picaba la cabeza, le escocía el sudor en las ingles y las axilas y los perros aullaban cuando le olían. Y su boca seguramente apestaba a tumba. Pero su tío le señalaba con el dedo extendido dónde tenía que pasar el día arando, sembrando o recolectado y no cruzaban palabra hasta que le daba las gracias cuando recibía el salario del día.

Estaba hasta los cojones de esa mierda de vida pero no sabía si quería otra. ¿Para qué? Siempre sería un mierda. El sol estaba ya demasiado alto y su tío estaría esperando con las mandíbulas apretadas a que llegara. Pero necesitaba darse un baño y quitarse algo de olor del cuerpo y de la ropa. Una jornada de trabajo bajo el sol consigo mismo sería insoportable.

El camino marcado por las roderas de los carros loma abajo le llevó al pequeño embarcadero de madera que hacía las veces de puerto comercial del pueblo. No era más que una plataforma de maderos de pino sin desbastar ni curtir que se adentraba desde la playa de piedras hacia el centro del río. Y era lo único que valía la pena cuando estaba sobrio. El ruido del agua y de las hojas de los árboles se comía la pena que no quería quitarse de encima y nadar y tumbarse sobre la grava bajo el sol era como estar feliz.

Se descalzó dando un par de patadas al aire y se metió tal cual en el río. Cuando le llegó el agua a la cintura se detuvo, cerró los ojos y aflojó la vejiga. Se dejó caer de espaldas con los brazos en cruz.

Bajo el agua siempre pensaba más de la cuenta y el pasado se hacía presente. Y dolía. Cerró los puños, se puso en pie y le arreó una ostia al agua. Echó a andar hacia la orilla donde el perrillo blanco le esperaba tumbado moviendo el rabo junto a sus zapatos.

martes, 23 de abril de 2013

O

No tenía mucho sentido seguir haciendo lo mismo, día tras día, mes tras mes, año tras año. No era para volverse loco, o quizá era una locura crónica, de muy baja intensidad y que se alargaba en el tiempo. Pero de lo que estaba convencido es de que no tenía sentido seguir haciéndolo. O dejar de hacerlo, claro. ¿Cambiaría las cosas dejar de repetir su rutina? No lo creía. O cambiaría para mal; ¿qué haría si no?

Al final decidió no hacer nada. O no decidió hacer algo. Qué más daba.

lunes, 22 de abril de 2013

Hasta el final

La muerte resultó no ser el final de sus problemas sino el comienzo de una eternidad pensando en ellos.

sábado, 20 de abril de 2013

Un destello de Yenom (I)

El cachorro se acercó a husmear aquel montón de ropa y carne que olía a pis y vómito. Tenía hambre y miedo pero le podía curiosidad y olisqueó al humano que dormía de medio lado haciendo ruido. Olía muy fuerte, algo dulzón. Le gustaba. Lamió el charco que había donde su cabeza pero sabía a algo que no le gustaba y pasó a lamerle la boca y la cara al humano.

Oiron se despertó de nuevo. El sol pegaba fuerte y tenía calor y algo le lamía la cara y olía a vómito y meados recalentados por el sol. Apartó con ambos brazos a lo que fuera que le estaba lamiendo la cara y se medio incorporó apoyando ambas manos en el suelo hasta quedarse sentado. Joder, le iba a explotar la cabeza.

Se armó de valor y entornó los ojos para ver un cachorro blanco con un ojo marrón y otro azul claro que le miraba con la lengua fuera y moviendo el rabo recortado a toda velocidad.

Yenom / Fénix

Oiron se despertó, trató de abrir los ojos y vomitó. Tosió vómito y tropezones por la nariz y la boca y logró ladearse para echarlo fuera. El dolor que sentía tras los ojos, por toda la cabeza, era como un grito sin fin cuyos ecos desgarraban la poca cordura que sabía que en algún lado tenía.

Trató de volver a dormir pero era imposible. Lo único que podía sentir además de dolor era el zumbido de la sangre en sus oídos con cada latido. Al menos había tenido la cabeza la noche anterior para dejarse caer en un callejón, a salvo de los soles gemelos que caldeaban las mañanas de principios de verano.

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En algún otro lugar de mi mente los últimos supervivientes de una civilización se sacrificaban para forjar a Némesis hecha acero.

··oOo··

Demasiado tiempo. Suficiente tiempo.

La fruta madura ha caído del árbol.

viernes, 19 de abril de 2013

Cagada

Siempre había fantaseado con qué chorrada diría cuando, a punto de ser ejecutado, le preguntaran por su último deseo y, con gran ingenio, se le ocurriría alguna genialidad que le salvara la vida. Algo así como "tomarme la penúltima con los amigos", "morir de viejo", "ver nacer a mi nieto", "que no me maten", etc. Algunas eran graciosas y otras auténticas gilipolleces, pero le gustaban de todos modos.

Ahora no es que estuviera con los ojos vendados en el paredón pero la directora y su tutor soltaban sapos y culebras y se estaba cagando de miedo. Y no se le ocurría qué decir a tanta insistencia por saber si era gilipollas o se había caído del tobogán cuando era pequeño o cosas que ya ni escuchaba.

Durante el cuarto día de expulsión, mientras estaba cagando en su casa, llegó a la conclusión de que el mundo estaba así de mal porque no se valoraba el ingenio ni el sentido del humor.

jueves, 18 de abril de 2013

Humano

El hambre de conocimiento le impedía degustar los humildes frutos que el día a día le ofrecía.

Teotimia

Se sentía triste en medio de tanta felicidad. Todo iba bien, el resto de los dioses se había puesto de su lado y no era otra que su voluntad la que imperaba en la teópolis. Pero algo de sus orígenes humanos zumbaba incesante en lo más profundo de su cerebro, allí donde anidan los anhelos hasta su madurez.

Años de luchas contra otros hombres y contra los mismos dioses habían erosionado su personalidad hasta convertirla en puro acto de divinidad. Y durante eones el hombre que una vez fue había muerto, olvidado en una oscura leyenda que pasaba de boca en boca.

Pero no; no todo lo humano había desaparecido, y ahora resurgía con toda su grandiosidad. Ya no era feliz por lo que tenía sino infeliz por cuanto los demás dioses disfrutaban.

martes, 16 de abril de 2013

Ocaso

El viejo miraba al mar con los ojos fijos en el pasado, en un futuro que nunca fue. Leyendas y libros que hablaban de pescadores que se hacían a la mar para dejar mujeres con añoranza y recuerdos indelebles. Y eso los hacía inmortales.

Pero él, un anciano viudo y sin hijos, toda una vida pescando y sobreviviendo. No le quedaba nada en el mundo, ni fuerzas para meter el bote en el agua y zarpar por última vez hacia la nada que era algo.

lunes, 15 de abril de 2013

Last Time

The Last Time by Paradise Lost on Grooveshark


La vida se le escapaba de las manos como la arena mojada.

Cerró el puño. Y los ojos de Muerte mostraron sorpresa.