De nuevo iba a escribir aquí por escribir. Empecé un ejercicio de escritura y lo acabo de borrar. No quiero escribir ejercicios sino la novela. Este blog no ha de ser un lastre, no. Tengo cosas que decir y no son estas.
Me pongo con Yenom.
De nuevo iba a escribir aquí por escribir. Empecé un ejercicio de escritura y lo acabo de borrar. No quiero escribir ejercicios sino la novela. Este blog no ha de ser un lastre, no. Tengo cosas que decir y no son estas.
Me pongo con Yenom.
Hoy he empezado a realizar ejercicios de escritura. Escribir por escribir. Metaescritura. Coger soltura con las herramientas sin preocuparme de qué o cómo lo digo, que es mi problema. Desmitificar el acto en sí.
Como ya he planteado, he tomado la decisión de escribir ya, sí o sí, la novela que tengo tantos años atascada en las cuerdas vocales de mis dedos. Rectifico: no he tomado la decisión sino que actúo. A la mierda la denigración consentida de unas prácticas no-laborales que sólo me llevan a no vivir la vida como la sueño; a tomar por culo los miedos que me acompañan desde que entendí que, o bien pertenezco a un colectivo del que no formo parte, o bien acepto mi anormalidad.
Me siento bien conmigo mismo; me he dado cuenta de que comparto cuerpo y alma con un tío de puta madre que me aporta todo lo que siempre he buscado en un amigo. No siento vergüenza por ser quien soy. Ya no. Nunca más.
Iba a escribir otro haiku pero lo he borrado. Porque rellenar unas líneas cada día no era más que una excusa para no echarle huevos y mirar a los ojos al verdadero reto de escribir. No quiero pajas literarias, pequeños orgasmos diarios sin pena ni gloria. Quiero follarme a las musas, hacer el amor con Atenea, correrme con mis personajes, que me rompan el corazón y mendigar su aprecio. Quiero beberme la sangre de mi prosa, alimentarme de mi retoño como Cronos muerto de miedo. Muerto de vida en mi caso.
Probablemente siga escribiendo este blog a diario o casi a diario. Yenom no es excluyente. Quizá suba pequeños fragmentos que descarte, o que me hayan gustado. Es posible que dé noticias sobre el desarrollo de la novela; impresiones sobre el acto de escribirla. O nada.
Pero Yenom ha resucitado esta mañana en el autobús. La semilla fue plantada el sábado en realidad. Ahora o nunca.
Estoy muy cansado. Agotado de tanta mediocridad, no de trabajo. Me quieren despojar de mi propia estima pero soy yo quien se la quita de encima al agachar la cabeza y asentir mi condena. Tenemos un miedo inmanente a la libertad, a decidir, a ser dueños de nuestros fracasos. Es parte de nuestro miedo al olvido más que a la muerte física, a desaparecer sin dejar rastro como las burbujas de una jarra de cerveza elaborada con aguas del Leteo. Escribo todos los días una excusa para no levantar el puño a los dioses que no existen y mostrarles que no tengo miedo a la vida.
Pero miro los manuscritos de mi pasado y sólo veo sueños soñados y no vividos.
Despierto. Sale el sol. Recuerdo mis sueños. Vivo.
Escribo. Sin excusas.
No sé si la noche es la hermana mayor que nunca tuve o el peor de mis amigos: hace que me sienta solo cuando hago aquello que sé que debo hacer y me mordisquea el cuello cuando hago lo que mi cerebro grita que no haga mientras mis cojones han tomado el control.
En cuatro horas hará medio año que murió una de las personas más maravillosas que he conocido en mi vida. Probablemente, sea la primera cuyo rostro aprendí a reconocer. Aprendí mucho de mi padre, soy quien soy en gran parte por él. No es un convencionalismo. Helio, el Sol. Él me enseñó a amar, a respetar,a aceptar al prójimo, a perdonar. Virtud, rectitud.
Fui/soy un Atlas que no puede ver porque las lágrimas se lo impiden. Un titán que no sufre por el peso del mundo; un titán que quiere caminar por un bosque de noche y salir a un claro a mirar las estrellas y dejar que el niño que siempre ha sido se pregunte las preguntas que sabe que no tienen respuesta.
Quiero verte en las estrellas, no en el sol.
Hace poco más de dos meses que te besé la frente por última vez. Ya tenías los ojos cerrados para siempre pero quiero creer que aún me sentías. No hace mucho que aún daba por hecho que siempre estarías a mi lado, que me verías por fin salir adelante en la vida, que podrías jugar con tus nietos, que podría darte en tu vejez algo de lo mucho que me has dado a lo largo de toda tu vida. Me duele saber que la mayor preocupación que te acompañó las últimas décadas de tu vida fue darme ese algo que me permitiera salir adelante a pesar de mis problemas. Pero no. Te apagaste y te llevaste contigo esa pena.
Quisiera creer que existe un Más Allá desde el que puedes verme y darte cuenta de que algo debió salir bien. De que, de alguna manera, algo ha cambiado y, por primera vez en tantos años que me cuesta acordarme de cómo eran antes las cosas, mi cuerpo y mi mente están recuperándose. Nos caen ostias de todas partes, las cosas están muy jodidas y la situación es angustiosa. Y, sin embargo, sigo luchando por mis sueños desde hace casi dos meses.
Es ilógico creer que estas líneas te llegarán pero son las cosas ilógicas que he hecho en la vida las que más me han llenado. Gracias por luchar por mí todos estos años. Durante mucho tiempo sentí ser una profunda decepción para ti y ahora sé que jamás fue así.
Si hay un "otro lado" espérame, Papá. Si no lo hay, acompáñame el resto de mi existencia, hasta que yo también me apague.
Traveling Alone by Woods Of Ypres on Grooveshark
La historia se repite y el narrador se mete las manos en los bolsillos y murmura que sí, que las cosas van a cambiar y que se está quitando de no hacer nada.
Eso sí, un escritor cuyo humano era bastante defectuoso. Un humano que desde pequeño se metió muchas ostias y recibió otras tantas y le sobraban piezas cuando trataba de repararse. Y que trató siempre de hacerlo por sí mismo.
En noviembre de 2013 ese humano tuvo ocho días para cuidar del árbol fuerte bajo cuya sombra creció y a quien quiso parecerse desde que era un retoño recién brotado. Luego tuvo dos para despedirse. Supo que era un arce.