martes, 19 de agosto de 2014
Pensando
Cuando me he tirado a escribir sin más me he atascado al agotárseme la imagen que transcribía al papel. Yenom no es un relato breve, no me cabe entero en la cabeza. Es una historia compleja y se merece ser narrada de manera adecuada.
Atrás quedaron mis prejuicios de que si pensaba mucho en la historia antes de escribirla esta quedaría encorsetada. No, pensar en la historia es insuflar vida en los personajes, escucharlos de verdad, espiarlos en sus vidas privadas, entender cómo afecta todo al mundo. Y ya dejarlos libres para que actúen. Pensar en la historia es asomarme a distintos momentos de ella, sacar una foto de lo que veo y guardarla para observarla y disfrutarla y describirla a posteriori. Y a lo mejor es una foto mala, borrosa, que no aporta nada. Y descartarla entonces.
Ya no apilo ladrillos y cemento sin más, ahora voy viendo la casa que quiero, voy viendo su plano.
lunes, 18 de agosto de 2014
Yenom
Voy a centrar mis energías en Yenom y quiero utilizar este blog como cuaderno de bitácora de este viaje que me ha costado media vida iniciar. No malgastaré mis energías en él pero pienso que será un bonito subproducto de todo el proceso que con gusto comparto.
miércoles, 1 de enero de 2014
La caja de galletas
La historia se repite y el narrador se mete las manos en los bolsillos y murmura que sí, que las cosas van a cambiar y que se está quitando de no hacer nada.
Hace años también que yo me puse a prueba en otro blog para ver si era escritor o sólo un mierda con ínfulas de semimierda. Resultó que algo dentro de mí respondió con creces a mis mierdos y pude ver que, a pesar de todas las personas que me llenaban la cabeza de buenas intenciones, era en la vida escritor.
Eso sí, un escritor cuyo humano era bastante defectuoso. Un humano que desde pequeño se metió muchas ostias y recibió otras tantas y le sobraban piezas cuando trataba de repararse. Y que trató siempre de hacerlo por sí mismo.
En noviembre de 2013 ese humano tuvo ocho días para cuidar del árbol fuerte bajo cuya sombra creció y a quien quiso parecerse desde que era un retoño recién brotado. Luego tuvo dos para despedirse. Supo que era un arce.
En estos casi dos meses he sacado la caja de galletas en la que guardaba esas piezas y he vuelto a abrir mi cabeza. Duele y es difícil pero es imposible rendirme. He logrado encajar la mayoría. No he vuelto a guardar el resto. He vivido media vida siendo mitad persona, mitad miedo a no ser querido; añoro sentir que soy un hombre que mira algo en el horizonte que los demás no pueden ver.
Esta noche Oiron tiene otros sueños distintos.